Ho, hey-ho, hey-ho, hey-ho, hey-ho
El mazo se sucede vehemente, golpea.
El cincel relaja su intención, descarga.
La piedra afectada, se transforma.
Dirección, sentido, punto de aplicación. La causa.
La conciencia elabora los sucesos, los interpreta, los racionaliza. Se sorprende si se reconoce en sí a sus herramientas,
tres es uno. En este escenario, el intérprete siente como clava en sus vísceras el frío metal de la conciencia y medita, piensa.
El efecto.
La razón, observa inevitablemente tendenciosa, mazo, cincel, piedra. Declama la realidad por ella, la verdad del signo,
del rito y de la escena: fuerza, razón, perseverancia.
La realidad concreta, no sé lo que es, solo conozco a algunos que la explican. Comprender la razón de la razón y su lenguaje,
donde está el justo nivel. La percepción engaña, el intelecto no garantiza el entendimiento. De la experiencia, el conocimiento,
la certeza de que nuestra sombra es nuestra.
Los obreros murmuran con sus herramientas y presumen tarea. Una vez más la razón explica la claridad de la luz, otra
vez, las palabras relatan la obra antes de que se descubra el telón. Enanos, insignificantes asustados, ocultamos el brillo
del sol en las tinieblas del pensamiento abyecto. Trabajamos duro levantando polvo que esconda nuestra ignorancia. La plomada
no se mueve si vamos con ella.
Los albañiles no perciben la forma de la obra, no se ocupan del contenido del edificio, no añoran construcciones de
otros tiempos, trabajan.
En la diversidad, en el caos, encendidas tal vez se fundan estas piedras imperfectas para fundar nuevo templo. Piedra
sobre piedra, tan alto y tan cerca de la luz, como tan profundo socaven sus cimientos.
Inconscientes, bellamente dormidos, se opaca el fulgor de lo que somos: piedra, cincel y mazo. Ojalá que el beso de
la verdad nos despierte de esta frenética somnolencia. belleza, fuerza, sabiduría...
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